Cuando la tierra se movió: Internet, terremotos y resiliencia digital de Venezuela

14/08/2026

Cuando la tierra se movió: Internet, terremotos y resiliencia digital de Venezuela
Imagen asistida/creada por IA

Por Alejandra Stolk Ganteaume

El 22 de junio de 2026, el piso se nos movió de golpe con dos fuertes terremotos uno frente a la costa venezolana y otro hacia el centro del país. Esos primeros minutos fueron de puro instinto: abrazar a los míos, buscar sus miradas y confirmar, con un suspiro de alivio, que mi familia inmediata estaba a salvo. Pero en cuanto el susto inicial cedió, la angustia cambió de forma. Con el corazón aún acelerado y las noticias llegando a cuentagotas, mi mente voló hacia las telecomunicaciones en la zona de desastre. Desde mi lugar en la academia no podía evitar preguntarme: ¿qué había pasado con la infraestructura de Internet del país y qué significaba esa desconexión para miles de familias que, en pleno caos, necesitaban desesperadamente saber de los suyos?

La realidad técnica confirmó mis peores temores. En las zonas más castigadas, el colapso y los daños estructurales en los edificios se llevaron consigo las radiobases instaladas en las azoteas, dejando a oscuras a comunidades enteras. La situación fue particularmente delicada en La Guaira, donde el alto nivel freático y la cercanía al mar obligan a depender del tendido aéreo de fibra óptica, el cual sufrió severos estragos.

Los mayores estragos se concentraron en La Guaira y Yaracuy, donde la violencia del sismo golpeó de frente a la infraestructura crítica. A su vez, el remezón sacudió con fuerza a estados vecinos como Miranda, Carabobo y Aragua por su proximidad a los epicentros. Sin embargo, como suele ensañarse la realidad en estas emergencias, las zonas rurales se llevaron una de las peores partes: poblaciones que ya batallan a diario con conexiones débiles, alta latencia e intermitencia, quedaron sumidas en un silencio digital aún más fuerte en los días posteriores.

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Pero el golpe más crítico para la conectividad de todo el país ocurrió en el mar. A solo 1,8 kilómetros de la costa, muy cerca de donde se originó el segundo terremoto de magnitud 7,5, la fuerza de la tierra fracturó el cable submarino South American Crossing (SAC).

No se trataba de un cable más: por esa arteria submarina circula cerca del 50% del ancho de banda internacional de Venezuela. La herida en el mapa se tradujo de inmediato en la vida cotidiana de millones de personas, manifestándose en picos de latencia, ralentización y una severa congestión en las horas de mayor tráfico, reportada por usuarios y proveedores a lo largo y ancho del territorio nacional.

En las semanas que siguieron, perdí la cuenta de cuántas veces me hicieron la misma pregunta, a veces con frustración y casi siempre con impaciencia: ¿por qué se tarda tanto en reparar un cable submarino? La respuesta no es sencilla, porque bajo el mar nada lo es. Arreglar una fractura a profundidad requiere buques especializados, personal técnico, condiciones adecuadas para intervenir el cable y las autorizaciones regulatorias correspondientes. Mientras los barcos trabajaban a contrarreloj en el mar, en tierra se activaron rutas alternas: la habilitación de rutas terrestres hacia Colombia, lo que permitió aliviar la asfixia digital y recuperar paulatinamente parte del ancho de banda. No fue sino hasta el 24 de julio cuando llegó el alivio definitivo con la confirmación de que el SAC estaba plenamente reparado.

Las opiniones expresadas por los autores de este blog son propias y no necesariamente reflejan las opiniones de LACNIC.

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