LACNIC Blog > Eventos > América Latina ante un punto de inflexión en infraestructura digital
América Latina ante un punto de inflexión en infraestructura digital
25/06/2026
Regulación, fragmentación, conectividad, energía e inteligencia artificial marcaron el cierre de LACNIC 45 en un panel sobre los desafíos de infraestructura digital en América Latina y el Caribe.
La semana técnica de LACNIC 45 cerró con una conversación sobre uno de los temas centrales para el futuro de Internet en América Latina y el Caribe: la infraestructura digital que la región necesita para sostener el crecimiento de la conectividad, la demanda de datos y la llegada de nuevas cargas de trabajo asociadas a la inteligencia artificial.
El panel titulado El Punto de Inflexión de la Infraestructura Digital: Data Centers, Cables Submarinos, IXP e ISPs reunió a cuatro especialistas con miradas complementarias: Evandro Varonil, vicepresidente del directorio de LACNIC y referente de los ISPs brasileños a través de ABRINT; Giovanni King, CEO de BlueNap Américas y chairman de la Caribbean Data Centers Association; Pablo Ruidiaz, director ejecutivo de InteRed Panamá; y Carlos Pazmiño, responsable de los sistemas de cables submarinos de Telconet, desde Ecuador. La moderación estuvo a cargo de Carmen Denis, directora de Internet Exchange Service Yucatán y miembro del directorio de LACNIC.
Carmen abrió la conversación con la interrogante de si se tuviera que nombrar un solo desafío que hoy limita el potencial de Internet en su sector, ¿cuál sería? Las respuestas fueron reveladoras, no tanto por lo que dijeron sino por las coincidencias.
(Acceso libre, no requiere suscripción)
Varonil no dudó: regulación. King señaló la fragmentación del Caribe, una región rodeada de cables submarinos pero dividida en decenas de pequeñas economías que difícilmente pueden negociar por separado. Ruidiaz se sumó al diagnóstico desde Centroamérica, donde la misma fragmentación impide que los 50 millones de habitantes de la subregión se presenten como un mercado unificado. Y Pazmiño, que había llegado dispuesto a repetir “regulación”, eligió nombrar el segundo problema en su lista: la incapacidad de pensar en conjunto como región, el “nosotros primero en lugar del vecino” que termina dejando sin infraestructura a todos.
El modelo brasileño
La primera parte del panel se detuvo en el caso de Brasil, que concentra más de 9.000 de los 14.000 sistemas autónomos registrados en América Latina. Para Evandro Varonil, este resultado responde a más de 30 años de política pública sostenida.
A mediados de los años 90, el Ministerio de Comunicaciones brasileño separó legalmente a los proveedores de Internet de las empresas de telecomunicaciones. Mientras las telefónicas controlaban la infraestructura física —los cables y la última milla—, los ISPs podían operar como una figura jurídica independiente, sin necesidad de ser operadoras de telecomunicaciones. Esa separación, conocida como Norma 4, permitió que florecieran miles de pequeños y medianos proveedores en un país de dimensiones continentales.
Varonil no dudó: regulación. King señaló la fragmentación del Caribe, una región rodeada de cables submarinos pero dividida en decenas de pequeñas economías que difícilmente pueden negociar por separado. Ruidiaz se sumó al diagnóstico desde Centroamérica, donde la misma fragmentación impide que los 50 millones de habitantes de la subregión se presenten como un mercado unificado. Y Pazmiño, que había llegado dispuesto a repetir “regulación”, eligió nombrar el segundo problema en su lista: la incapacidad de pensar en conjunto como región, el “nosotros primero en lugar del vecino” que termina dejando sin infraestructura a todos.
El modelo brasileño
La primera parte del panel se detuvo en el caso de Brasil, que concentra más de 9.000 de los 14.000 sistemas autónomos registrados en América Latina. Para Evandro Varonil, este resultado responde a más de 30 años de política pública sostenida.
A mediados de los años 90, el Ministerio de Comunicaciones brasileño separó legalmente a los proveedores de Internet de las empresas de telecomunicaciones. Mientras las telefónicas controlaban la infraestructura física —los cables y la última milla—, los ISPs podían operar como una figura jurídica independiente, sin necesidad de ser operadoras de telecomunicaciones. Esa separación, conocida como Norma 4, permitió que florecieran miles de pequeños y medianos proveedores en un país de dimensiones continentales.
“Si dependiera de una sola operadora, Brasil no tendría la conectividad que tiene hoy”, sintetizó Varonil. Añadió además que, en paralelo a esa proliferación de ISPs, Brasil construyó un punto de intercambio de tráfico en cada uno de sus estados. Esos IXPs, explicó, no fueron solamente una consecuencia del ecosistema, sino también una de sus causas: sin puntos de intercambio locales donde conectarse, muchos de esos sistemas autónomos no hubieran tenido sentido operativo.
El desafío actual es que la Norma 4 está en proceso de extinción, con fecha prevista para principios de 2027. La industria observa con preocupación cómo un cambio regulatorio podría afectar la arquitectura que hizo posible ese ecosistema.
IXPs: infraestructura esencial, aunque poco visible
Los puntos de intercambio de tráfico cumplen un rol fundamental para que el contenido local no tenga que salir del país o de la región para volver a un usuario cercano. “No tenemos el glamour de un cable submarino ni de un data center”, reconoció Ruidiaz. “Pero somos infraestructura esencial”.
Desde Panamá, InteRed ha logrado un crecimiento sostenido de más del 100 % en tráfico durante los últimos siete u ocho años, en buena medida gracias a la presencia de cables submarinos y a la capacidad de construir un ecosistema de operadores conectados. Pero Ruidiaz también señaló los límites de ese modelo: Panamá es un país pequeño, y su crecimiento no vendrá necesariamente del volumen, sino de la eficiencia, la baja latencia y la soberanía digital.
El concepto de soberanía digital apareció varias veces durante el panel. En términos concretos, implica que cuando un usuario realiza una transacción con un banco local o consulta un servicio del Estado, esa información no debería necesitar salir del país para procesarse. Un IXP bien conectado, con los operadores e instituciones adecuadas participando, puede ayudar a que ese tráfico se mantenga local. Sin esa infraestructura, la dependencia de la conectividad internacional no es solo un problema de latencia, sino también de control.
El Caribe: rodeado de cables y desconectado
Giovanni King describió una paradoja que define la realidad caribeña: una región con décadas de inversión en cables submarinos, donde prácticamente cada isla tiene al menos una conexión, pero donde los costos de conectividad siguen siendo de los más altos del mundo.
La explicación es estructural. Muchos de los cables fueron tendidos hace años y se acercan al final de su vida útil. A la vez, el tamaño de las economías individuales hace que renovarlos sea financieramente inviable para cada isla por separado.
A esto se suma una característica histórica del diseño de esa conectividad: los cables estaban orientados hacia el norte, hacia Estados Unidos, porque era allí donde el tráfico debía ir. La lógica de las plataformas de contenido y los hyperscalers, sin embargo, está cambiando esa geografía, y el Caribe necesita adaptarse.
La respuesta que están explorando desde la Caribbean Data Centers Association combina mecanismos de soberanía digital, acuerdos multilaterales y modelos de nube federada que permitan procesar y transferir información entre jurisdicciones sin perder control sobre los datos.
Cables submarinos, data centers y energía
Carlos Pazmiño aportó la perspectiva de quien lleva más de dos décadas trabajando en cables submarinos, primero en PCCS —el sistema que conecta Ecuador con Jacksonville pasando por el Caribe— y ahora en el despliegue de un segundo cable que está cerrando su instalación.
¿Por qué Ecuador? Según Pazmiño, por necesidad. Colombia, al norte, cuenta con una población mayor y más capacidad de inversión. Perú ha sido históricamente bien atendido por Telefónica. Ecuador, en el medio, quedaba en una posición menos atendida. Los cables se construyen por necesidad, pero también por razones comerciales, políticas y, en algunos casos, humanitarias.
La llegada de los hyperscalers cambió la ecuación. En los últimos años, empresas como Google, Meta y Amazon han invertido masivamente en conectividad submarina para unir sus propios centros de datos. Esa inversión es real e importante, reconoció Pazmiño, pero tiene un destino específico: conectar infraestructura de grandes empresas entre sí, no necesariamente alimentar el ecosistema local.
El punto crítico que señaló fue la energía. Fortaleza, en el noreste de Brasil, se convirtió en un hub de cables submarinos y data centers no solo por su posición geográfica, sino también por la disponibilidad de energía. Para el resto de América Latina, contar con energía confiable y asequible para alimentar infraestructura digital intensiva —especialmente data centers asociados a inteligencia artificial— será un factor determinante para atraer y sostener nuevas inversiones.
Inteligencia artificial: el desafío que ya llegó
El cierre del panel giró en torno a la inteligencia artificial como una realidad presente que está cambiando las exigencias sobre toda la infraestructura digital. Pazmiño lo describió de manera concreta: Telconet opera 29 servidores NVIDIA, varios de ellos de la línea H100. El requerimiento de energía de estos equipos, su demanda de conectividad y la densidad de procesamiento que generan son de un orden distinto a cualquier carga de trabajo anterior.
¿Está preparada América Latina para lo que viene? La respuesta que emergió del panel fue matizada. Algunos nodos sí están mejor posicionados —Brasil, Panamá en ciertas dimensiones y las grandes capitales con data centers establecidos—, pero la región en su conjunto enfrenta una brecha estructural entre la demanda que se avecina y la capacidad instalada para responder.
El panel dejó una conclusión clara: la región no parte de cero, pero necesita coordinar mejor sus capacidades, reducir la fragmentación y pensar la infraestructura digital como una agenda regional. Conectividad, IXPs, cables submarinos, data centers, energía e inteligencia artificial ya no pueden discutirse por separado.
Ese debate continuará en LACNIC 46, en Mendoza, donde la comunidad tendrá una nueva oportunidad para profundizar en los desafíos y oportunidades de una infraestructura digital más integrada, resiliente y preparada para el futuro.