Makin’ Mas

30/03/2015

Makin’ Mas

Perspectivas de las bases con respecto al escenario de las telecomunicaciones en el Caribe
Por Gerard Best

Si en el Caribe urdir sueños es un pasatiempo, venderlos es más que una forma de ganarse la vida – es una industria. En muchas islas, fabricar fantasías para atraer el dinero de los extranjeros se ha institucionalizado como una ocupación colectiva, subvencionada por el Estado al amparo del Turismo. Para nosotros los caribeños, disimular los problemas es prácticamente un deporte. La idea de montar un espectáculo o de mantener las apariencias para atraer inversiones extranjeras es importante incluso para el espíritu emprendedor nativo y es fundamental a la hora de “triunfar” en el Caribe.

La maestría escénica de las tradicionales formas artísticas de carnaval como el calipso, el extempo, el limbo y los tambores metálicos de Trinidad y Tobago realmente permiten comprender mejor cómo usamos el discernimiento, la improvisación, la negociación y la inventiva para “triunfar” en el Caribe, como solía decir el fallecido intelectual Lloyd Best. Los calipseros vigilan nuestro mundo y empuñan con gran precisión las poderosas armas políticas que representan los juegos de palabras, la sátira y el ridículo. Por otra parte, la lúdica guerra lírica del extempo muestra nuestra capacidad para el buen humor, el ingenio y la inventiva pura. Los bailarines de limbo encarnan nuestra aparentemente infinita capacidad de sortear circunstancias difíciles. Y la invención de los tambores metálicos, creados a partir de chatarra descartada por la industria global del petróleo, sigue siendo un notable testimonio del talento de los caribeños para percibir el valor oculto y transformar cosas aparentemente sin valor en objetos de primera categoría.

Aun así, aunque el Caribe produce maestros del calipso y del mamaguy, la región en su conjunto demuestra una fuerte susceptibilidad al doble discurso corporativo y una escasa resistencia al engaño político. ¿Por qué es así? ¿Estamos tan concentrados en atraer inversiones extranjeras que hemos perdido por completo el instinto protector de nuestro calipsero interior y el eterno escepticismo del extempo? ¿Estamos tan intimidados por los obstáculos al desarrollo que nos hemos olvidamos de cómo lanzar la cabeza hacia atrás para bailar el limbo y pasar debajo de estos obstáculos? ¿O será que hemos perdido a tal punto la fe en nuestra propia capacidad de creación que ahora debemos buscar las ideas y la validación de los demás?

(Acceso libre, no requiere suscripción)

Cualquiera sea la razón, pareciera que nos hemos convertido en blanco fácil para los abusos apenas disimulados de las corporaciones multinacionales. A los gigantes de las telecomunicaciones, por ejemplo, se les permite unirse y dominar sádicamente nuestros mercados con efectos devastadores. Como señala la veterana periodista caribeña Sunity Maharaj en su columna publicada el 17 de enero en el Sunday Express y titulada Dividido y Gobernado, “Casi como por transmisión genética, la cultura del ‘divide y triunfarás’ está tan viva hoy como lo estaba en el siglo XXVII.”

El telón de fondo en el cual se produjo el comentario de Maharaj fue la decisión de Jamaica en enero de 2015 de aprobar la fusión local de las operaciones de los proveedores Lime y Flow. Con ello, Jamaica se convirtió en el primer país de la región en hacerlo. Dos meses antes, la empresa matriz de Lime, Cable & Wireless Communications (CWC), había negociado un acuerdo para la adquisición de la empresa matriz de Flow, Columbus International, por USD 3000 millones. Firmado en la sede de CWC en Londres en noviembre de 2014, el acuerdo fue aprobado un mes después durante otra reunión también realizada en Londres durante la cual los accionistas de CWC votaron abrumadoramente a favor de la adquisición.

“Este acuerdo entre CWC y Columbus puede haber sido negociado en el Reino Unido y en Estados Unidos, pero su peor impacto será sobre los actores del Caribe,” señaló Bevil Wooding, un Estratega de Internet de la organización sin fines de lucro Packet Clearing House en un artículo publicado el 6 de noviembre en el Business Guardian.

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