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Estándares abiertos: por qué América Latina debe participar en las decisiones que sostienen Internet
18/06/2026
Imagen asistida/creada por IA
Por Álvaro Retana, Vicepresidente de Estrategia Tecnológica, Futurewei Technologies
Esta mañana, antes de lavarme los dientes, ya había revisado el correo electrónico en el celular. Probablemente muchos hicieron lo mismo. Internet simplemente funciona y por eso ni pensamos en cómo lo hace. Pero esa fiabilidad no es un accidente: es el resultado de décadas de discusiones, de personas que se sentaron en salas alrededor del mundo a debatir, proponer, ceder y construir juntas los estándares que hacen posible la conectividad global.
¿Qué es un estándar abierto?
Cuando hablo de estándares abiertos, me refiero a tecnologías que cumplen cuatro propiedades esenciales. Primero, que sea público: cualquier persona puede leer las especificaciones e implementarlas, como ocurre con los RFCs del IETF. Segundo, que los procesos sean abiertos y verificables, de manera que podamos rastrear cómo se tomó cada decisión. Tercero, que la participación sea libre, sin que se exijan pasaporte, nacionalidad específica, invitación previa u otros requisitos. Y cuarto, que la implementación sea posible sin restricciones discriminatorias, incluso cuando existan mecanismos de licenciamiento de por medio.
Estas cuatro condiciones son las que distinguen a un estándar verdaderamente abierto: podemos usarlo, ver los procesos que los generan, participar en ellos e implementar y comercializar sus resultados. Organizaciones como el IETF, el IEEE y el W3C desarrollan estándares bajo estos principios; espacios regionales como LACNIC ayudan a acercarlos, discutirlos e implementarlos desde la realidad de América Latina y el Caribe.
(Acceso libre, no requiere suscripción)
El proceso detrás del protocolo
BGP, TCP/IP, IPv6: estos son los artefactos visibles, los resultados tangibles. Pero lo verdaderamente valioso es el proceso social que los generó. En el IETF trabajamos bajo el principio de “Rough Consensus and Running Code”: no buscamos unanimidad, sino una convergencia en la que todos puedan sentir que sus opiniones fueron escuchadas. Las ideas se seleccionan por sus méritos técnicos, no por quién las presenta ni por cuántos amigos tiene.
Esa apertura es la que protege a Internet de que quede capturada por intereses particulares. Y también es la razón por la que debemos participar activamente: si no estamos en la sala cuando se toman las decisiones, corremos el riesgo de que los estándares resultantes no resuelvan nuestros problemas regionales o locales.
América Latina: talento subrepresentado
América Latina alberga más de 670 millones de personas y es la segunda región del mundo con mayor crecimiento en el número de usuarios de Internet, sólo detrás de Asia. Sin embargo, apenas el 3,1 % de los participantes activos en el IETF provienen de nuestra región. Cuando revisamos los datos sobre autores de RFC, la línea que representa a América Latina resulta casi invisible en los gráficos.
El proceso detrás del protocolo
BGP, TCP/IP, IPv6: estos son los artefactos visibles, los resultados tangibles. Pero lo verdaderamente valioso es el proceso social que los generó. En el IETF trabajamos bajo el principio de “Rough Consensus and Running Code”: no buscamos unanimidad, sino una convergencia en la que todos puedan sentir que sus opiniones fueron escuchadas. Las ideas se seleccionan por sus méritos técnicos, no por quién las presenta ni por cuántos amigos tiene.
Esa apertura es la que protege a Internet de que quede capturada por intereses particulares. Y también es la razón por la que debemos participar activamente: si no estamos en la sala cuando se toman las decisiones, corremos el riesgo de que los estándares resultantes no resuelvan nuestros problemas regionales o locales.
América Latina: talento subrepresentado
América Latina alberga más de 670 millones de personas y es la segunda región del mundo con mayor crecimiento en el número de usuarios de Internet, sólo detrás de Asia. Sin embargo, apenas el 3,1 % de los participantes activos en el IETF provienen de nuestra región. Cuando revisamos los datos sobre autores de RFC, la línea que representa a América Latina resulta casi invisible en los gráficos.
Eso entraña dos riesgos concretos. El primero es el riesgo de implementación: quedarnos como usuarios pasivos que adoptan lo que otros definen. El segundo es el riesgo de dirección: no poder influir en el rumbo que toma la tecnología que sostiene nuestras redes, nuestras empresas y nuestros ciudadanos.
No es falta de capacidad. Miremos a nuestro alrededor: el talento técnico y de gobernanza existe en abundancia en la región. Lo que hace falta es la decisión consciente de participar.
Historias de éxito que nos inspiran
Tenemos ejemplos concretos de lo que es posible cuando la comunidad de operación de la región se involucra:
RPKI y validación de rutas: hace una década, la cobertura era prácticamente nula. Hoy, países como Panamá tienen casi el 96 % de sus rutas cubiertas con ROAs. LACNIC lideró este esfuerzo y las demás regiones del mundo lo siguieron.
IPv6: el estándar se definió hace 30 años y hoy el 50% del tráfico global ya lo utiliza. Varios países de América Latina superan ese promedio, con implementaciones por encima del 50 % —Guatemala, por ejemplo, ronda el 60 %. Ha sido un esfuerzo de paciencia estratégica: técnicos, empresas y reguladores empujando en la misma dirección.
DNSSEC y MANRS: iniciativas en las que profesionales de la región* participan en órganos directivos y moldean normas que el resto del mundo adopta.
Estos casos demuestran que cuando participamos en el estándar, podemos adaptarlo a nuestra realidad sin sacrificar la interoperabilidad global.
El momento presente
Ahora mismo existe una ventana de oportunidad: la transición a la criptografía poscuántica. El NIST ya definió los algoritmos; el IETF está trabajando en cómo integrarlos en protocolos como TLS o DNSSEC. La implementación vendrá después, y es justo en esa etapa intermedia donde la participación regional puede marcar la diferencia.
El riesgo inmediato no es que ya exista una computadora cuántica capaz de romper el cifrado actual. El riesgo es el llamado “Harvest Now, Decrypt Later”: actores maliciosos que recolectan datos cifrados hoy para descifrarlos en cinco o siete años. Si manejas información que debe mantenerse confidencial hasta 2030 o más allá, ya deberías estar diseñando tu hoja de ruta poscuántica.
Por qué participar
La participación en organismos de estandarización genera valor en múltiples dimensiones:
Técnica: acceso temprano al conocimiento, capacidad de influir en el diseño antes de que el estándar se consolide.
Empresarial: menor dependencia de vendedores específicos y mayor libertad para elegir entre proveedores que implementan los mismos estándares abiertos.
Gubernamental y regulatoria: posibilidad de crear regulaciones basadas en la realidad técnica, evitando mandatos que resulten inviables o que rompan mecanismos de seguridad críticos, como el cifrado.
Sociedad civil: garantía de que los protocolos respetan los derechos fundamentales a la comunicación y a la privacidad, especialmente relevante en contextos geopolíticos complejos.
Académica: visibilidad internacional para investigadores y apertura de redes de colaboración global.
El IABIETF publicó hace unos años un RFC sobre la misión de los desarrolladores de estándares: los protocolos existen para los usuarios finales. Esa es la brújula que guía todo lo demás.
Cómo empezar: pasos concretos
El camino hacia la influencia es más corto de lo que parece. Estas son las puertas que están abiertas:
Suscríbete a una lista de correo. El IETF cuenta con más de 125 grupos de trabajo; seguramente alguno cubre un tema que te interesa. Requiere pocas horas a la semana.
Comenta. No hace falta escribir una tesis. Un mensaje que diga “si este protocolo actúa así, en mi red tendría este impacto” ya es una contribución valiosa.
Participa en actividades regionales y globales. La próxima reunión del IETF es en julio, en Viena, justo después del Mundial. El IGF de América Latina se celebrará en noviembre en Fortaleza, Brasil.
Mentorea a alguien. Ser mentor de un ingeniero joven para que asista a una reunión multiplica el impacto. El CGI de Brasil es un ejemplo a seguir.
Trae a alguien fuera del círculo técnico. Un colega del área legal, un funcionario regulador, una persona de la sociedad civil: todas estas perspectivas enriquecen las discusiones y nos recuerdan para qué construimos estas redes.
Un llamado a estar presentes
Hace diez años, el IETF celebró su primera reunión en América Latina, en Buenos Aires. En los datos de participación se observa un pico claro ese año. Ese antecedente muestra algo importante: cuando los espacios globales se acercan a la región, la participación aumenta. Pero no podemos esperar a que las reuniones lleguen a nuestro territorio para involucrarnos.
El valor no está en el protocolo. Está en quién participa en la discusión.