El pasado 26 de octubre se cumplieron 30 años de la presencia de ANTEL en Internet como sistema autónomo, un hito que marcó el comienzo de la participación comercial uruguaya en el enrutamiento global y sentó las bases para la independencia técnica del país en materia de conectividad.
En 1995, ANTEL obtuvo su primer número de sistema autónomo (AS6057) y su primer bloque de direcciones IP asignados directamente por InterNIC, la entidad que entonces administraba los recursos de numeración y nombres de dominio a nivel global. Ese registro permitió a Uruguay dejar de depender de proveedores externos y empezar a definir sus propias políticas de enrutamiento, establecer acuerdos de peering y construir una red nacional con autonomía operativa.
El InterNIC fue impulsado por la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos como sucesor del trabajo pionero de Jon Postel, quien durante años llevó un registro manual de direcciones y sistemas autónomos. Su labor dio origen al modelo de gestión cooperativa que luego se transformó en la red de Registros Regionales de Internet (RIRs).
La creación de LACNIC consolidó ese proceso en América Latina y el Caribe, transfiriendo la gestión de los recursos de numeración IP a una entidad regional, representativa y abierta, basada en principios de cooperación y participación comunitaria.
De los satélites a los cables submarinos
Antes de obtener su sistema autónomo, ANTEL se conectaba a Internet mediante enlaces satelitales de apenas 64 kilobits por segundo (Kbps) hacia Estados Unidos, una capacidad muy limitada y completamente dependiente de proveedores externos.
Con la asignación del ASN 6057 en 1995, Uruguay dio un salto cualitativo: las conexiones satelitales pasaron a 1,5 megabits por segundo (Mbps), lo que permitió ampliar el acceso y comenzar a gestionar la conectividad de forma más autónoma, sentando las bases para el desarrollo posterior de la infraestructura nacional de Internet.
A mediados de los noventa, ANTEL creó un pequeño grupo de trabajo dedicado a “proyectos especiales” de datos y comenzó a incorporar tecnologías más modernas como Frame Relay y ATM, que permitían compartir ancho de banda y mejorar la eficiencia de las redes.
En paralelo, surgieron los primeros acuerdos de interconexión regional (peering) con compañías telefónicas de Argentina y Brasil. El despliegue del cable submarino UNISUR, en 1994, también fue un hito: su capacidad total era de 560 megabits por segundo, similar al ancho de banda de una conexión residencial actual.
A partir de entonces, el país comenzó a combinar rutas terrestres y submarinas, y más adelante ANTEL instaló equipos propios en Miami, lo que permitió desacoplar la compra de capacidad de la conexión directa a Internet. Ese cambio fue fundamental: Uruguay pasó de depender de un único proveedor a participar activamente en la arquitectura global de la red.
Esa transformación anticipó el modelo de cooperación técnica regional que hoy impulsa LACNIC, donde la interconexión y la colaboración entre operadores son pilares esenciales para fortalecer la autonomía y la resiliencia de la infraestructura de Internet en América Latina y el Caribe.
De 65 a más de 13 mil sistemas autónomos
En 1995 existían apenas 65 sistemas autónomos y 843 prefijos IPv4 en toda América Latina y el Caribe. Hoy, según los registros de LACNIC, la región cuenta con más de 13 800 ASNs, 19 900 prefijos IPv4 y más de 13 000 asignaciones IPv6.
Ese crecimiento refleja no solo un salto tecnológico, sino también cultural: la consolidación de una comunidad técnica regional que promueve interconexión, cooperación y resiliencia, continuando el espíritu de colaboración que dio origen a los primeros acuerdos de peering de los noventa.
Un legado que crece
El ASN 6057 sigue activo tres décadas después, símbolo de una decisión que permitió a Uruguay integrarse al mundo digital desde sus propios términos. Hoy, la independencia en el enrutamiento se expresa también en nuevos desafíos: la adopción de IPv6, la implementación de RPKI para proteger las rutas y la adhesión a iniciativas como MANRS, que fortalecen la seguridad del enrutamiento global.
Treinta años después, el espíritu de aquel hito sigue vigente. Obtener un ASN propio es más que un paso técnico: es una elección estratégica que impulsa la soberanía digital, mejora la resiliencia y fomenta la innovación local.
La invitación sigue abierta a los operadores y organizaciones de la región: dar el paso hacia un ASN propio es sumarse a una Internet regional más interconectada, segura y participativa, donde todos seamos protagonistas de su evolución.