Con más de dos décadas en el directorio de LACNIC, Javier Salazar ha sido testigo y protagonista de la transformación de la organización a lo largo de casi un cuarto de siglo. Desde aquellos primeros años marcados por la familiaridad y el crecimiento acelerado hasta la consolidación de LACNIC como referente regional de recursos numéricos, su mirada combina experiencia, autocrítica y una firme defensa de los valores de la comunidad de Internet en América Latina y el Caribe.
“Javier Salazar, o ‘Chencho’, como le decimos sus amigos, ha sabido esconder su enorme inteligencia y capacidad de aporte detrás de una personalidad jovial y bromista”, cuenta Ernesto Majó, CEO de LACNIC.
Majó destaca también su conocimiento extraordinario de la tecnología, especialmente en operaciones y seguridad de redes. “Siempre realiza aportes precisos, que van al centro de cada discusión. Su mirada aguda enriquece las conversaciones y nos obliga a considerar todos los ángulos para tomar las mejores decisiones para la institución”, resume.
A lo largo de 21 años, Salazar vio cómo LACNIC evolucionó desde una organización todavía incipiente, con pocos procesos formales y muchas dinámicas informales, hasta convertirse en una institución sólida, con reglas, políticas y estructuras claramente definidas.
Sin embargo, destaca que, más allá del crecimiento y la madurez institucional, nunca se perdió el espíritu original que caracteriza a la organización: la colaboración, la camaradería y la sensación de trabajar en un ambiente donde las personas disfrutan lo que hacen. Para él, ese es el valor más importante que LACNIC logró preservar.
También entiende la historia de LACNIC como una evolución permanente. Cada etapa aportó transformaciones en lo organizacional y lo estratégico, aunque siempre manteniendo una línea de continuidad.
Como símbolo de ese proceso menciona la “Casa de LACNIC”, un espacio que debió construirse prácticamente desde cero y que terminó creciendo tanto en infraestructura como en relevancia institucional. Aquella idea inicial de convertirse en la Casa de Internet de la región dejó de ser una aspiración para consolidarse como una realidad.
Esa continuidad también se reflejó en los liderazgos. Las transiciones entre distintas direcciones ejecutivas ocurrieron sin rupturas, con cada etapa construyendo sobre la anterior. Según Salazar, nadie llegó para deshacer lo hecho, sino para fortalecerlo y enriquecerlo con su experiencia. Esa capacidad de sostener un rumbo coherente durante tantos años explica parte de la fortaleza institucional de LACNIC.
El rol de la estructura.
Además del rol visible de la organización, la comunidad, los eventos, las políticas y la representación regional, Salazar pone énfasis en el crecimiento interno de LACNIC.
Detrás de la actividad pública existe una estructura integrada por personas, equipos y responsabilidades que requiere planificación y cuidado permanente. No se trata únicamente de administrar los recursos de Internet, sino también de garantizar procesos sólidos, previsión financiera, estabilidad laboral, planes de sucesión y capacidad de sostener el trabajo a largo plazo.
Gran parte de ese esfuerzo ocurre detrás de escena, aunque resulta fundamental para el funcionamiento de toda la organización.
Para Salazar, construir comunidad es uno de los mayores desafíos y, al mismo tiempo, uno de los principales logros de LACNIC. Reconoce que dentro y fuera de la organización conviven múltiples comunidades: el directorio, el staff, los miembros, los técnicos, los asociados y los usuarios de Internet.
Pero considera que el verdadero desafío está en sostener, día tras día, prácticas que parecen simples, aunque requieren enorme consistencia.
Suele comparar ese trabajo con el ejercicio físico: todos saben qué hay que hacer, pero lo difícil es mantenerlo en el tiempo. Lo mismo ocurre con las políticas y los procesos. Definirlos puede ser relativamente sencillo; lo complejo es aplicarlos cotidianamente con coherencia y compromiso. Ahí, sostiene, reside el verdadero valor de una institución.
Un cambio de perfil.
La comunidad de LACNIC también cambió profundamente con el paso de los años. En sus comienzos era un espacio predominantemente técnico, mientras que hoy participan perfiles mucho más diversos: abogados, reguladores, especialistas en políticas públicas y distintos actores vinculados al ecosistema digital.
Esa diversidad refleja la propia evolución de Internet y, al mismo tiempo, elevó el nivel de madurez de las discusiones.
Sin embargo, esa complejidad también introdujo nuevos desafíos. Según Salazar, hoy existen más intereses en juego y ya no todo funciona exclusivamente sobre la base de la buena fe. Por eso considera indispensable fortalecer los procesos y proteger permanentemente los principios que sostienen la legitimidad de la organización.
En ese sentido, identifica la confianza como el principal capital de LACNIC. La legitimidad, afirma, no surge únicamente de las estructuras formales, sino de la capacidad de hacer bien las cosas: tomar decisiones fundamentadas, debatidas, transparentes y correctamente ejecutadas.
Incluso cuando las resoluciones son difíciles o impopulares, la comunidad suele comprenderlas si percibe que detrás hubo seriedad y transparencia.
Entre las prácticas esenciales para sostener esa legitimidad, destaca dos pilares: la transparencia y la escucha activa. Para Salazar, escuchar no significa solamente oír opiniones, sino analizarlas y actuar en consecuencia.
Esa escucha debe incluir todas las voces, incluso aquellas que provienen de fuera de la región o de sectores críticos dentro de la propia comunidad. La confianza, explica, se construye cuando las personas sienten que realmente fueron escuchadas, aun cuando la respuesta final no coincida con sus expectativas.
Valores fundamentales
Al hablar de los valores que sostienen a LACNIC, menciona la integridad, la honestidad, la transparencia, el trabajo en equipo y la colaboración. Y suma otro componente menos visible y muchas veces subestimado: el esfuerzo cotidiano.
Detrás de cada evento, cada política y cada decisión existe una enorme cantidad de horas de trabajo y dedicación que rara vez se perciben desde afuera, pero que son esenciales para mantener viva la organización.
De cara al futuro, considera que el gran desafío de LACNIC será repensar su propio rol. Aunque la gestión de recursos numéricos continúa siendo el núcleo de la institución, el contexto tecnológico cambió profundamente. El agotamiento de IPv4, la convivencia con IPv6 y la aparición de nuevas tecnologías plantean un escenario distinto al de los primeros años de la organización.
Entre esos cambios, la inteligencia artificial aparece como uno de los temas más relevantes. Salazar advierte que su impacto alcanzará áreas como la regulación, la seguridad, las políticas públicas y la vida social en general. Por eso entiende que la comunidad de Internet no puede ignorar esta discusión y deberá mantenerse atenta a transformaciones que avanzan a una velocidad cada vez mayor.
Más que ofrecer respuestas definitivas, plantea la necesidad de mantener una actitud abierta y flexible frente al futuro. Considera que no siempre es posible anticipar el rumbo de los cambios tecnológicos, pero sí resulta indispensable observarlos con atención y prepararse para adaptarse.
Como mensaje final para quienes hoy integran —o integrarán— el directorio de LACNIC, insiste en la importancia de actuar con independencia y priorizar siempre el bien común por encima de los intereses personales o sectoriales.
Entiende que quienes asumen responsabilidades dentro de la organización deben “sacarse la camiseta” y pensar primero en la institución y en la comunidad que representan.